A MODO DE BIOGRAFÍA
Expulsado del colegio, trabajó en el comercio paterno
durante una temporada. Más tarde estudió en la
Escuela de Bellas Artes de Madrid, donde fue discípulo
de Eduardo Chicharro. Después de su formación
académica, entró en contacto con los realistas
madrileños Antonio López, los hermanos López
Hernández y la que sería su esposa Amalia Avia,
también pintora. Becado en el año 1956 por el
gobierno francés, tuvo la oportunidad de conocer el Art
Autre, la obra de Tàpies y de Dubuffet. Su obra, inscrita
dentro del informalismo, en un momento de expansión de
la década de 1950, se decanta hacia la abstracción
a su regreso a España. Es en Madrid, donde expone en
la galería Fernando Fe fundada por César Manrique
como referente de las vanguardias. Preocupado por la cuestiones
matéricas, Lucio Muñoz comienza a utilizar materiales
de la más variada naturaleza, como papeles quemados,
madera, entre otros.
El soporte va a ser esencial pues sobre él Lucio perfora,
rasga, realiza incisiones, aproximándose de esta forma
al informalismo. Sus obras, coloristas en su mayoría
aunque con un predominio del negro, representan un exponente
del informalismo más puro. Después de cultivar
el grabado durante un par de años, en su fase final su
pintura se vuelve menos agresiva debido al tipo de materiales
que utiliza. Su obra se encuentra representada en museos como
el Guggeheim o el MOMA, ambos en Nueva York. También
es suya la decoración del ábside de la Basílica
de Aránzazu (1962).